miércoles, 28 de agosto de 2013

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“The passion of lovers is for death”
                                                                                                                                                            (Bauhaus)         


I.

Soy de los que cree que un cigarro a medias nos une más que cualquier abrazo nervioso que cualquier cúpula a tientas  que cualquier oscura coreografía de bocas Porque hay en esos tres minutos de vicio compartido más amor del bueno que en todo ese revoltijo de babas repugnantes.

(El cuerpo siempre está demás. Siempre está demás. Nos cuelga inmundo como escroto inútil)


II.

Nos miro amantes y me gustaría ser un otro para observarnos asqueado en la seducción carnívora  de nuestro espectro;  arrojarnos chatarra desde mi palpable languidez recogiendo los  tímpanos caídos por la  cruda risa de nuestro beso.

(Corpóreos  indelebles escrotales lastimosos amantes todos nosotros)

III.

El amor no es más que  malévola complicidad de pasillos descuajada Por eso amo el amor de los infieles de los nonatos y deseosos el de los púberes  y  maricones. Todo el que ama debería escupir en el útero de su madre avergonzado por la triste carne que besa Saberse incompletos vástagos del génesis que solo lloran ante nombres ante vidas ante orificios es cosa de la más pútrida repugnancia.
Por eso todo amor debiese ser a contraluz tras butacas parchadas o en malezas húmedas cuando son las siete de la tarde y la gente sale de clases evitando a  los amantes de  ojos troncados que ruegan por cama donde habitarse.
A esos
Hay que escupirlos antes del orgasmo.




IV.

Nosotros en cambio

Fuimos los amantes trágicos Nos detuvimos para destruirnos hasta la epilepsia hasta asquearnos de nuestra propia espuma y desgarrar la sarna de nuestras manos Aprendimos a amarnos con dolor y desprecio y a fornicar sin mirarnos porque ahí es donde yacen los suicidas y los que mueren sin nombre.

V.

No me digas malas palabras
Pero ¿no son acaso todas las palabras malas de por sí? Por el simple hecho de decirlas ya me saben a peste vacío máscara endeble. 

Pero tú como todas no sabes que la verdad reside en el silencio que cada palabra es confusa ridícula y triste; la mujer precisa del grito la palabra espásmica e hirviente de vida por eso no ama en silencios
 porque cada orgasmo es  preludio al nefasto parto. 


El hombre en cambio ama silencio y en frío porque en cada orgasmo halla un aviso de muerte 
y en cada esperma expulsado un tibio ensayo a un suicidio inminente.

Yo te amé sin decir una palabra porque a tu lado me sabía  un recién parido de ojos aun cegados.
Yo te amé  pero te amé sin nombre alguno. 




VI.

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1 comentario:

Jorge Ampuero dijo...

Certeros y degustables versos,
nos leemos.

Saludos.